8/03/2009

Conceptualizacion TP N°3

NO-LINEALIDAD. INTERCONEXION. CAMBIO PERMANENTE.

Scriptorium es un juego basado en la no-linealidad, en la interconexión y el cambio constante. Estas tres líneas no son independientes, sino que están en diálogo permanente, y es su interacción la que construye el desarrollo del Scriptorium. El juego ubica sus raíces tanto en el concepto de red como en el cuento de Jorge Luis Borges El Aleph.

La red. El concepto de red que desarrolla el juego utiliza múltiples nodos, los pequeños círculos de colores) que van relacionándose con los nodos aledaños. Lo que permite el dinamismo de la red es el mecanismo del juego, que se ve reflejado en un tablero que puede girar. Los círculos concéntricos permiten generar un movimiento tal que entre turno y turno, las rutas cambien considerablemente, o apenas se alteren. De este modo, la imprevisibilidad del juego coarta cualquier intento de generar una estrategia elaborada, cosa común en un juego como el ajedrez.

El Aleph. Scriptorium se relaciona de dos maneras con el cuento de Borges. Por un lado, se justifica la cuestión gráfica del juego: hay un punto donde convergen todos los puntos (el centro negro), que simbolizaría el Aleph; además, los colores elegidos representan un universo propio: los colores primarios sugieren los colores secundarios, y en la suma de todos ellos hay una unidad básica que los relaciona (la secuencia se puede nombrar así: rojo -> naranja -> amarillo -> verde -> azul -> violeta -> rojo). Esa unidad expresa la misma circularidad que representa un Aleph: si el Aleph es el punto donde convergen todos los puntos, cualquier ruta que tome desde un comienzo me va a llevar al mismo final: el Aleph. Esta idea de lo circular se corresponde también con la forma del tablero. Por otro lado, la cuestión mecánica se justifica a partir de la idea de que todo está en movimiento, es decir que el cambio en el universo es un hecho: no sólo al principio del cuento el narrador da cuenta de ello

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió (…) noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no (…)

sino también podemos deducir ese andar permanente en el momento en que el narrador entra en el Aleph. Su mirada recorre un espacio para luego fijarse en otro lugar, el narrador no se queda quieto, no se detiene, ve todo y lo ve al mismo tiempo. Este cambio constante del universo se conceptualiza en el girar de las piezas: si un jugador pasa de un nivel a otro, el círculo anterior se mueve tantos espacios indique el dado, la red cambia y con eso cambia el universo de colores. Y es que este cambio no se trata de una cuestión formal, no cambian los colores, sino que el cambio en la relación entre los colores es lo que permite ese flujo permanente de movimiento, o lo que es lo mismo, rompe con la linealidad de un recorrido ya establecido, desatando nuevos caminos, nuevas posibilidades y un nuevo escenario de juego.

El nombre. Viajes por el scriptorium es una novela de Paul Auster. La trama nos presenta a un hombre que se despierta en una habitación, no se sabe si está cerrada o no, que no puede recordar quién es ni qué hace ahí. Va recibiendo visitas a lo largo del día, y lo que el lector lee es el informe de las acciones de este hombre en el día. Hay un misterio detrás de cada uno de los personajes que lo visitan, y la acción se sucede a medida de que el protagonista va leyendo una novela que tiene sobre el escritorio. Los visitantes son conocidos personajes que Auster toma de sus obras anteriores. Al final el hombre lee un manuscrito que indica el comienzo de la propia novela. Vemos que la circularidad y la intertextualidad que establece una red de significados entre las distintas novelas del autor, son conceptos que se repiten en la elaboración de este juego. De ahí la justificación del nombre.

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